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Pongamos a trabajar un poquito eso que denominamos imaginación. Entremos en situación. Año 2022, o sea, dentro de 22 años. Un sábado por la tarde se encuentran ante la televisión, y tienen ante ustedes al inefable José Manuel Parada, con unos cuantos años más, pero teñido como siempre y con esa barba recortada -¿cómo demonios lo hará?-. Ahora le toca presentar la nueva propuesta de "Cine de barrio", que más bien se tendría que llamar "Cine del otro barrio", porque más del 80 por ciento de los intérpretes y directores de las películas que pasan ya han fallecido. Y resulta que la película que se exhibe -y nunca mejor dicho- es "La marcha verde", una de esas marcianadas que se estrenaron a princpios del siglo XXI. Pues sí, amigos y amigas. Bienvenidos a una nueva edición de cine del otro barrio, porque esta película le va al pelo ser visionada en este programa. La única diferencia es que al Parada del 2002 se le permite que puedan verse algunas bromas sexuales y que se pueda ver alguna señorita en pelotas, como sucedía en las películas de Pajares y Esteso, quienes por cierto, aún esperan que sus éxitos vuelvan a poder verse en la televisión -dígase de joyas como "Los bingueros", "Los chulos" o "Yo hice a Roque III"-. Con "La marcha verde" José Luis García Sánchez, el mismo que creó, junto al gran Rafael Azcona, esa trilogía protagonizada por Juan Luis Galiardo y Juan Echanove, ha intentado iniciar una nueva trilogía sobre hechos recientes -o no tanto- de la historia de España. En este caso se trata de la popular "marcha verde" que tuvo lugar en el Sáhara Occidental cuando aún pertenecía a España. Y lo han hecho uniendo el esperpento con la comedia. Lo que sucede es que el esperpento sólo puede ser aceptado en su lado más negativo -atención a los decorados de cartón piedra-, y de comedia, la verdad es que hace bien poca gracia. Incluso se permiten la osadía de meter en medio números musicales bochornosos -¿será ésa su intención? ¿la de causar el bochorno?-. Es una pena que ambos hayan caído tan bajo en un filme que no es digno de ambos, ni de los actores que aparecen en él. La intención no es del todo mala, pero los resultados son ínfimos. Y lo peor es que anuncian una continuación con el golpe de estado de 1981. Pues bien. O se ponen las pilas, o más vale que vayan pensando en continuar las andanzas de Galiardo y Echanove. Saldrían ganando. Los dos.
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